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Nuevos anteojos de competencia para las plataformas digitales

16.12.2020

¿Es distinta la competencia entre plataformas digitales? Las herramientas del derecho antimonopolios fueron forjadas a partir de la teoría económica de industrias tradicionales (“brick and mortar”). Por lo mismo, una pregunta recurrente en el debate actual es si este conocimiento puede seguir siendo aplicable para observar, analizar y eventualmente juzgar el fenómeno de la economía digital.

Nicolas Petit es uno de los pocos autores que, hasta ahora, han planteado una teoría general para abordar la pregunta. Para el autor y profesor del Instituto Universitario Europeo de Florencia y del College of Europe de Brujas, la competencia de las grandes empresas digitales (o “Big Tech”) tiene lugar de una forma que se aleja de las concepciones que inspiraron la política de competencia contemporánea –en particular, la teoría clásica del monopolio- y, por lo mismo, no puede ser medida con la misma vara por legisladores, jueces y agencias.

Petit teme que este error analítico, el de considerar a las grandes plataformas como monopolios sin más, puede llevarnos a sacrificar las innovaciones y beneficios de la competencia disruptiva entre las plataformas.

Esto no quiere decir, a juicio del autor, que deba entregarse una inmunidad a todo evento a las gigantes digitales. Por el contrario, se trata de afinar el lente metodológico y entender cuándo es pertinente intervenir para sancionar una conducta desde el derecho de competencia y cuándo intervenir para prevenir el cierre de los mercados, en escenarios tecnológicos que trasmutan año a año.

Por otra parte, las inquietudes sobre privacidad, fake news, o “discursos de odio”, que usualmente proliferan a la par con las críticas a las empresas digitales, deben ser abordadas desde la regulación y no por el derecho de competencia, de acuerdo al autor. La principal razón para ello tiene un corte empírico: prevenir la formación de monopolios o de un poder de mercado equivalente no disminuye necesariamente la probabilidad de que estas externalidades negativas se manifiesten.

La incertidumbre inherente al ambiente digital

El pasado 10 de noviembre el Instituto de Derecho de la Competencia (IDC) transmitió la presentación de Nicolas Petit, a propósito de su libro “Big Tech and the Digital Economy: The Moligopoly Scenario” publicado por Oxford University Press en octubre de este año.

Tomando distancia de la polarización que considera estéril, entre “neo-estructuralistas” y defensores del estándar del consumidor, el profesor Petit plantea en su libro que la competencia entre las plataformas digitales ha de mirarse bajo un ángulo distinto, en atención al comportamiento que, en la práctica, han mostrado a lo largo de su existencia.

En el ejercicio de entender sus modelos de negocio y la forma de su competencia, Petit analizó diversas fuentes –pero especialmente los reportes anuales (Form 10K) desde sus orígenes hasta el día de hoy- de las seis principales empresas objeto del popularizado debate sobre las Big Tech: Amazon, Apple, Facebook, Google, Microsoft y Netflix.

Al rastrear rasgos comunes en el surgimiento y consolidación de estas compañías, más allá de su “gran tamaño”, Petit identifica su diversificación, la discontinuidad en el proceso competitivo, su tendencia al crecimiento permanente y la consideración del largo plazo y la exploración y descubrimiento de innovaciones como parte de las decisiones corporativas.

En el primer rasgo, la amplitud de rubros, destacan Amazon, Google, Microsoft, Apple, y en menor medida, Facebook. Tal vez la menos diversificada de las seis –Petit admite- sea Netflix, focalizada en el servicio de suscripción para el streaming en línea, aunque igualmente, expandida a la producción misma de contenido.

La discontinuidad por su parte está referida a esos eventos o cambios que marcan un quiebre en el escenario competitivo, cuya probabilidad sume a la industria en una incertidumbre permanente. La discontinuidad se aprecia especialmente en el ambiente tecnológico, caracterizado por su modularidad (servicios pueden fragmentarse o fusionarse), donde las tendencias cambian y las empresas deben anticiparse. Se vincula también al aspecto de exploración, que obliga a estas compañías a invertir constantemente recursos en investigación y desarrollo (de acuerdo al análisis de Petit, una parte no despreciable del capital de todas estas compañías va al financiamiento de I+D, que aumenta año a año).

El autor se detiene en la sucesión de avances tecnológicos que las empresas debieron anticipar, o fracasar en el intento.

Por ejemplo, el tránsito de las interfaces gráficas para que usuarios pudieran operar los computadores dio paso a los sistemas operativos. Con el surgimiento de internet, aparecieron los portales web y luego los servicios de búsqueda. Con la irrupción de los smartphones surgieron nuevos dispositivos y aplicaciones, y las redes sociales a nivel móvil. Aparecieron luego el almacenamiento cloud o el machine learning como aplicación de inteligencia artifical. Y todo parece indicar que la tendencia disruptiva seguirá adelante, con softwares de asistencia para hogares, el internet de las cosas y los sistemas autosuficientes.

La entrada indirecta es la regla

Como el mismo autor reconoce, su visión tributa de las ideas de Joseph Schumpeter. En el seminario del IDC, Petit recalcó que “dentro de los círculos de expertos en materia antimonopolio o regulatoria, la teoría de la destrucción creativa de Schumpeter tiene escasa aceptación y por lo general tiende a ser ignorada”. Curiosamente el modelo de Schumpeter era tanto una teoría a largo plazo como un modelo concreto de competencia, especialmente valioso para entender el fenómeno de competencia que se da entre las Big Tech.

Petit por entrada indirecta se refiere a “una teoría distinta a las clásicas, [es una teoría] basada en sustitutos imperfectos, productos complementarios e innovaciones arquitectónicas”. En efecto, uno de los puntos que Petit intenta mostrar es que, más que una competencia basada en la rivalidad entre sustitutos perfectos, es la entrada indirecta la que prima en estos mercados.

Esta particularidad permite dudar de la presunta ventaja de las grandes incumbentes, tal como documentaron Bresnahan y Greenstein (1999) para la industria computacional (con el paso de grandes computadores, a mini y luego a microcomputadores) o la competencia entre IBM y Microsoft. Petit sostiene en su libro: “contrario a la sabiduría convencional –que asume que ‘todo lo que un entrante puede hacer, el incumbente lo puede hacer mejor’- las firmas establecidas pueden tener dificultades para desplegar las fortalezas heredadas en nuevos mercados, mientras que los entrantes no”.

Además, la entrada indirecta no necesariamente ocurre en términos de una sucesión progresiva –como sucedió con los computadores-, sino que muchas veces sucede de forma simultánea (y no secuencial). Por ejemplo, las grandes plataformas de comercio digital y de redes sociales entraron en un espacio de tiempo similar.

Por este motivo –y así lo sostuvo el autor en el seminario- si no se toman con cuidado estas tendencias, en la medida que muchas veces las agencias y cortes intervengan y regulen el mercado digital basados en teorías de entrada directa, se arriesgaría incurrir en nuevos errores.

El peligro de querer arreglar algo que no está roto

Los efectos de red, vastamente documentados en la literatura de plataformas, pueden dar lugar al efecto “tipping” en un mercado. Según explica Petit, esta característica no es una que las compañías pueden imponer o moldear a su arbitrio: es el mercado el que tiene –o no- la propensión al “tipping”, debido a las economías de red y el comportamiento de los usuarios.

¿Qué es el efecto “tipping”? Tal como ha sido abordado también por la Fiscalía Nacional Económica, se trata del proceso de concentración y cierre al que converge naturalmente un mercado, hasta un punto en que un único actor adquiere gran parte o la totalidad de la demanda (ver informe de la fusión Uber/Cornershop, 2020).

Para Petit, diagnosticar si se está en presencia de tipping o no, es determinante para saber si una intervención del derecho de competencia (o regulatoria) es necesaria. Al mismo tiempo, es una evaluación muy compleja de realizar.

De hecho, la zona de “tipping” no es un dato dado y puede variar en el tiempo. Por ejemplo, cuando Netflix entró al mercado de producción de contenido en 2008, debió asumir un nuevo desafío: construir una biblioteca suficientemente atractiva de títulos como para atraer nuevos consumidores a su plataforma de streaming en línea, que justificaran su nueva apuesta. “Markets that have tipped may re-tip” –sintetiza Petit-.

Amparado en la literatura económica de efectos de red –y las experiencias concretas de las empresas digitales- el autor reconoce que muchas veces se estaría en un momento en que ninguno de los actores ha alcanzado “masa crítica” para llegar al punto de “tipping”. Intervenir en este tránsito sería equivalente a querer arreglar algo que, en realidad, nunca estuvo roto. Sólo se interrumpiría la especial dinámica competitiva de las empresas digitales.

El “moligopolio” de Petit

Esto nos trae al último aspecto que quisiéramos discutir, aludido en el título del libro. Dado que Petit concibe la interacción entre las grandes plataformas como una de permanente incertidumbre y amenaza recíproca, donde la posibilidad de entrada indirecta está constantemente asediando a los actores, debido a las tendencias y rasgos que señalamos, el autor prefiere referir al término de “moligopolio”.

Los moligopolios del Big Tech –o al menos algunos de ellos- estarían sujetos a la competencia oligopólica a través de los mercados. La visión de un equilibrio de mutua tolerancia entre monopolios o de colusión tácita entre oligopolios quedaría corta para entender el fenómeno actual de las Big Tech, caracterizada por la inversión permanente en innovación y exploración orientadas hacia la entrada indirecta.

Llegados a este punto, las ideas del profesor Petit despiertan también un natural escepticismo: hasta qué punto no se trataría de una mirada en exceso benigna y renuente a la intervención. Su tesis, sin embargo, puede operar también para el lado opuesto. Por ejemplo, muchas veces se tolerarían adquisiciones de agentes que no están en un idéntico mercado y que, no obstante, son la precuela de un daño competitivo cierto.

Y como él mismo señala en el último capítulo, también puede ser necesario avanzar en regulación ante la constatación de problemas políticos serios, como la proliferación de fake news o una protección deficiente de la privacidad de los datos.

Con todo, el libro de Petit es una contribución al debate actual. Entre sus virtudes, aporta con explicaciones sencillas de teoría económica y mención de las (escasas) investigaciones empíricas realizadas en un área que hoy por hoy es objeto de intenso escrutinio en prácticamente todos los países.

Además, complementa la narración con experiencias de éxitos y los (muchas veces no contados) fracasos de las gigantes de la tecnología. La curiosa transformación de productos como Alexa de Amazon, originalmente pensado como un buscador y navegador de internet; la incesante búsqueda de alianzas y nuevos nichos por parte de Microsoft; la errada intuición inicial de Netflix de que el DVD no podría ser superado por el streaming; o la larga lista de incumbentes -otrora formidables- que han quedado en el camino (Altavista, AOL, Blockbuster, Mypace, Sun Microsystem o Yahoo), forman parte del historial descrito por el profesor europeo.

 

Enlaces relacionados:

Nicolas Petit, Big Tech and the Digital Economy: The Moligopoly Scenario (Oxford: OUP, 2020),  Ver aquí.

Instituto de Derecho de la Competencia, Video seminario Conferencia IDC – Big Tech and Digital Economy. Ver aquí

Julio Tapia O.