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Esta nota corresponde a una traducción al español de una publicación original de Promarket.org, de fecha 13 de febrero de 2026. Esto se realiza en el marco de un convenio de re-publicación suscrito entre CeCo y ProMarket (Stigler Center, University of Chicago Booth School of Business).

En una nueva investigación que analiza los cambios a nivel estatal en la aplicabilidad de los acuerdos de no competencia, Kate Reinmuth y Emma Rockall observan que los acuerdos de no competencia más estrictos han reducido históricamente la innovación en Estados Unidos. Este descenso se debe a la fuerte caída de la movilidad de los inventores y la difusión del conocimiento, especialmente en sectores jóvenes y de alto crecimiento.
Durante décadas, los trabajadores estadounidenses han renunciado a su derecho a cambiar de trabajo. Los acuerdos de no competencia (cláusulas que restringen los lugares en los que los empleados pueden trabajar después de dejar una empresa) se han extendido mucho más allá de los puestos ejecutivos. Hoy en día, las estimaciones sugieren que hasta el 45 % de los trabajadores del sector privado de Estados Unidos, desde ingenieros de software hasta cocineros de sándwiches, están sujetos a estas disposiciones.
Los defensores de estas cláusulas argumentan que son esenciales para proteger las inversiones de las empresas en innovación: si los trabajadores no pueden llevar sus ideas a la competencia, las empresas estarán más dispuestas a invertir en investigación y desarrollo. Pero esta lógica se basa en la suposición de que atar a los trabajadores a las empresas produce, en última instancia, más innovación que cuando se les permitir moverse libremente.
Nuestra investigación sugiere lo contrario. Planteamos una pregunta sencilla pero trascendental: ¿las restricciones a la movilidad laboral aumentan realmente la innovación? Utilizando los cambios en las políticas estatales como experimentos naturales y datos exhaustivos de Estados Unidos sobre una variedad de resultados relevantes para la innovación, ponemos a prueba esta suposición directamente. Nuestra principal conclusión es que el aumento de la aplicabilidad de las cláusulas de no competencia ha reducido la innovación en promedio.
Los estados difieren en cuanto al rigor con el que hacen cumplir las cláusulas de no competencia. Algunos, como California, las hacen casi totalmente inaplicables. Otros las permiten de forma generalizada. Lo que es fundamental para nuestros objetivos es que la política estatal no ha sido estática: los tribunales y las legislaturas han cambiado repetidamente las normas de aplicabilidad a lo largo del tiempo, a veces reforzando las cláusulas de no competencia y, otras veces, debilitándolas.
Estos cambios crean un laboratorio de políticas que resulta inusualmente demostrativo. Comparamos estos cambios en políticas con datos detallados sobre patentes, cambios de trabajo de los inventores, creación de empresas y productividad empresarial. Esta configuración nos permite observar lo que ocurre después de que los estados faciliten o dificulten la aplicación de las cláusulas de no competencia. Los datos muestran un patrón constante: cuando las cláusulas de no competencia se refuerzan, la innovación disminuye.
La tasa de patentes es una métrica ampliamente utilizada para medir la innovación. Si las cláusulas de no competencia funcionaran como sugieren sus defensores, una mayor aplicabilidad debería aumentar la innovación y, por lo tanto, el número de patentes. Sin embargo, nuestros hallazgos muestran que el efecto neto de unas cláusulas de no competencia más estrictas sobre la innovación es negativo. Tras un aumento típico de la aplicabilidad, observamos que el número de patentes corporativas cae alrededor de un 14 % en un plazo de cinco años. El descenso se produce de forma gradual y persistente, lo que sugiere que unas cláusulas de no competencia más estrictas no solo retrasan la invención, sino que la reducen.
Observamos descensos especialmente importantes entre las patentes más innovadoras, que definimos de varias maneras. En primer lugar, cuando ponderamos las patentes en función de la frecuencia con la que son citadas por invenciones posteriores (un indicador estándar del impacto tecnológico), el número de patentes igualmente disminuye aproximadamente al mismo ritmo que en el caso más amplio no ponderado. Esto sugiere que los resultados no se deben a la desaparición de las patentes de bajo valor. Las invenciones de gran impacto también están desapareciendo.
En segundo lugar, examinamos el grado de originalidad utilizando citas retrospectivas. Las patentes que citan menos invenciones anteriores tienden a reflejar ideas más originales. Estas son las patentes que empujan la frontera tecnológica. En este caso, los efectos son aún más pronunciados: las patentes ponderadas por originalidad disminuyen en aproximadamente un 21 %.
En tercer lugar, analizamos la antigüedad del campo tecnológico. En áreas más recientes y de rápida evolución (como muchos campos modernos de la tecnología de la información y el software), las patentes caen un 32 %, en comparación con alrededor del 13 % en ámbitos más antiguos. La innovación en las industrias emergentes, donde la experimentación y la movilidad de los trabajadores son especialmente importantes, parece verse afectada de manera desproporcionada.
También analizamos las empresas respaldadas por capital de riesgo, que son ampliamente reconocidas como hubs de innovación de alto valor. En el caso de las empresas que han recibido financiación de capital de riesgo, las patentes disminuyen en torno a un 23 %.
considerados en conjunto, estos resultados muestran que las cláusulas de no competencia más estrictas reducen de manera desproporcionada la innovación de alto valor, especialmente en los campos tecnológicos más recientes y en las empresas respaldadas por capital de riesgo.
Las patentes sólo reflejan una parte de la actividad de innovación. Muchas mejoras en la productividad se deben a cambios organizacionales, nuevos procesos y conocimientos tácitos que nunca aparecen en las solicitudes de patentes.
Para captar estos efectos más amplios, estudiamos la productividad de las empresas utilizando datos de Compustat sobre empresas que cotizan en bolsa. Cuando las cláusulas de no competencia se hacen más exigibles, la productividad media de las empresas disminuye en torno a un 6 % al cabo de cinco años. El orden temporal es intuitivo: primero cae el número de patentes y, a continuación, la productividad, con un cierto retraso, a medida que la ralentización de la innovación se va reflejando en las operaciones de las empresas.
Los defensores de estos acuerdos argumentan que incitan a las empresas establecidas a innovar más al reforzar sus incentivos. Nosotros observamos lo contrario. Las empresas establecidas innovan y patentan menos, no más, cuando los acuerdos de no competencia se refuerzan. ¿Por qué ocurre esto?
Una posibilidad es que las nuevas empresas dejen de entrar en el mercado. Sin embargo, aunque los acuerdos de no competencia pueden crear barreras a la contratación y al emprendimiento, encontramos poca evidencia de que la creación de empresas en general disminuya significativamente tras el aumento de su exigibilidad. Cuando nos centramos específicamente en entradas innovadoras (patentes de empresas fundadas recientemente), el efecto estimado es negativo pero pequeño; mientras que el efecto sobre las patentes de las empresas ya establecidas sigue siendo grande. Por lo tanto, la entrada por sí sola no puede explicar la caída general de la innovación.
Lo que cambia drásticamente es la movilidad laboral. Tras un aumento típico de la exigibilidad de las patentes, la proporción de inventores que cambian de empleador se reduce en un 31 % al cabo de cinco años. Entre los inventores de empresas respaldadas por capital de riesgo, la movilidad se reduce en un 64 %. No se trata de pequeñas fricciones, sino de grandes cambios en la forma en que el talento circula por la economía.
Esto es importante porque los inventores aportan algo más que sus habilidades formales. Aportan conocimientos tácitos: cómo funciona realmente un sistema, qué ideas se han probado y abandonado, qué ha fallado en el laboratorio y qué podría funcionar mejor la próxima vez. Cuando los inventores se trasladan, esos conocimientos viajan con ellos. Cuando no lo hacen, permanece encerrado dentro de las empresas. Podemos ver esta dinámica en los patrones de citas: después de que las cláusulas de no competencia se vuelven más exigibles, las empresas citan más sus propias patentes anteriores y citan menos las patentes de otras empresas. Las empresas se vuelven más autorreferentes en su desarrollo tecnológico, lo que es consistente con una menor difusión del conocimiento cuando los trabajadores tienen menos capacidad para cambiar de trabajo.
Por lo tanto, las cláusulas de no competencia más estrictas no sólo limitan a los trabajadores. También inhiben el flujo del conocimiento.
Hay dos explicaciones alternativas que podrían socavar nuestros resultados, pero que no se ajustan a los datos.
En primer lugar, las empresas podrían responder a cláusulas de no competencia más estrictas cambiando su estrategia de propiedad intelectual y pasando de las patentes al secreto comercial. Esto generaría una disminución de las patentes sin una disminución real de la innovación subyacente. Pero si este fuera el caso, cabría esperar cambios en la composición de los tipos de patentes registradas, por ejemplo, un descenso relativo de las patentes de procesos (que son más fáciles de mantener en secreto) en comparación con las patentes de productos (que son más difíciles de ocultar una vez que salen al mercado). No observamos estos cambios. En cambio, la estructura de las patentes se mantiene en general estable, lo que sugiere que lo que cambia es el nivel general de producción innovadora.
En segundo lugar, los inventores podrían simplemente trasladarse a otros estados cuando se endurecen las cláusulas de no competencia locales, de modo que reflejara una reasignación de la innovación en lugar de una pérdida neta. En la práctica, observamos que las cláusulas de no competencia reducen la movilidad dentro del estado, pero no generan aumentos significativos en la migración de inventores entre estados.
Durante décadas, las cláusulas de no competencia se han justificado con el argumento de que promueven la innovación al proteger las inversiones de las empresas en conocimiento. Nuestra evidencia contradice claramente esa postura, al menos en lo que respecta a los niveles actuales de aplicabilidad en Estados Unidos. Esto no significa que las cláusulas de no competencia nunca reporten beneficios. En algunos niveles de aplicabilidad, los incentivos para que las empresas inviertan en la formación de los empleados o en proyectos de investigación arriesgados a largo plazo pueden compensar las desventajas de la reducción de la movilidad. Sin embargo, nuestros resultados indican que una mayor aplicabilidad de los acuerdos de no competencia en los niveles actuales reduce la innovación y la productividad en general, especialmente en los sectores más dinámicos de la economía.
La lección más amplia es que la innovación no la generan únicamente empresas aisladas. Surge de redes de personas e ideas, que recombinan el conocimiento entre organizaciones y sectores. Cuando las normas legales rompen esas redes al restringir la movilidad de los trabajadores, la innovación se debilita.
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