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La Rockonomics –la economía de los espectáculos en vivo– suele narrarse desde la emoción: la euforia de un fandom, la frustración ante boletos que desaparecen en segundos o la indignación por precios que aumentan sin explicación. Pero detrás de cada queja hay un problema estructural: la opacidad en la arquitectura de información que determina quién accede a un boleto, cuándo y a qué precio.
En México, los episodios del fandom del grupo musical de k-pop BTS (ARMY) y del partido de fútbol entre México y Portugal en 2026 (profundizados más adelante) no son anomalías virales, sino señales de un mercado donde la información, el inventario y el acceso están concentrados en pocos actores con incentivos para extraer rentas. Para entender qué está realmente en juego en este “escenario mexicano”, conviene partir de la teoría que mejor explica la lógica económica de la reventa.
«Cuando la misma entidad decide qué se vende, cuándo y en qué condiciones, la reventa deja de ser un mecanismo de asignación intertemporal y se convierte en una herramienta de extracción de rentas».
En Some Economics of Ticket Resale (2003), Pascal Courty desmontó la idea de que la reventa existe porque los promotores “fijan precios demasiado bajos”. Su argumento es más profundo: la reventa es un mecanismo de discriminación de precios intertemporal, resultado de cómo los consumidores revelan su demanda en momentos distintos. Para una explicación detallada de los actores y de su papel en la generación del evento y la venta primaria de boletos, puede consultarse el análisis de Alcázar y Castillo publicado en CeCo.
Courty distingue dos perfiles:
Esta asimetría crea un espacio para los revendedores: compran temprano al precio de los incondicionales y vende tarde al precio de los ocupados. El promotor no puede capturar estas rentas, porque carece de la flexibilidad para ajustar precios en tiempo real. Si sube precios, los revendedores lo bajan ligeramente para desplazarlo; si baja, pierde ingresos.
En este marco, la reventa no es necesariamente una falla, sino una consecuencia natural de cómo se revela la información en el tiempo. Sin embargo, Courty escribió su artículo antes de la digitalización masiva, del uso de bots y de la integración vertical de plataformas que hoy controlan simultáneamente el mercado primario y secundario.
México ofrece un laboratorio excepcional para observar cómo la arquitectura digital del mercado altera los incentivos que Courty describió. La masificación de las ventas en línea, el uso de bots, la integración vertical entre promotores, recintos y boleteras, y la opacidad en la revelación de inventario han transformado la reventa en algo más que un mecanismo de discriminación intertemporal: hoy es un espacio donde plataformas con poder de mercado pueden moldear la experiencia del consumidor.
El caso de BTS marcó un punto de inflexión en la percepción del mercado primario. El ARMY mexicano denunció que la boletera no publicó precios con antelación, que el sistema colapsó en minutos y que los boletos aparecían de inmediato en sitios de reventa a precios muy superiores. Para los miembros del ARMY, que necesitan certidumbre temprana –el perfil que Courty identifica como fans incondicionales–, la opacidad distorsiona la lógica intertemporal del mercado.
Bajo el modelo de Courty, las ARMY compran temprano y los demás consumidores revelan su demanda más tarde. Los revendedores arbitran entre ambos. Sin embargo, Courty asume que el mercado primario y el secundario están separados. El caso BTS sugiere algo distinto: la plataforma puede influir en ambos.
Cuando una boletera controla el acceso inicial, la información de inventario, la velocidad de asignación y la arquitectura tecnológica que determina quién compra y cuándo, deja de ser un intermediario neutral. Se convierte en un actor con capacidad para moldear la escasez percibida y capturar parte del excedente que, en el modelo clásico, correspondería a los revendedores externos.
El partido México vs. Portugal ofreció una validación empírica de la flexibilidad del mercado secundario frente a choques de información. Tras un sold out inicial, la reventa alcanzó precios de hasta 100 mil pesos (≈5 800 usd). Pero cuando se confirmó que Cristiano Ronaldo no jugaría, la disposición a pagar cayó de inmediato y los precios secundarios se desplomaron, acercándose a niveles de taquilla original.
Courty anticipa este comportamiento: cuando la calidad del evento cambia, los consumidores tardíos ajustan su valoración y los revendedores quedan expuestos al riesgo de inventario. El mercado secundario reacciona más rápido que el primario, revelando información en tiempo real sobre la demanda efectiva.
No obstante, el episodio reveló algo que Courty no modeló: la capacidad de la plataforma para reingresar boletos al mercado primario después del choque de información. Tras el desplome de la reventa, aparecieron nuevos boletos “liberados” en la plataforma oficial, pese a que el evento había sido declarado sold out. Esto rompe un supuesto central del modelo: el promotor no puede ajustar cantidades en la fase tardía.
Esta maniobra transforma la «absorción de riesgo» del revendedor en una trampa de liquidez. El revendedor, que compró temprano asumiendo el riesgo de una caída en la demanda, se encuentra de pronto compitiendo contra la propia boletera. Al perder la exclusividad de la reventa en el mercado tardío, su capacidad para mitigar pérdidas desaparece, convirtiendo lo que debía ser una gestión de riesgo en una extracción de valor por parte de la plataforma.
En el contexto mexicano, la plataforma puede utilizar el mercado secundario como un detector de demanda para decidir cuándo liberar inventario, aprovechando su control sobre la información y el acceso. El problema trasciende la reventa tradicional y se convierte en un ejercicio de poder de mercado.
Es relevante subrayar que la boletera para el evento de BTS (Ticketmaster) no fue la misma que operó la venta del partido México vs. Portugal (Fanki). Que ambos episodios presentaran patrones similares –opacidad, libración tardía de boletos y precios secundarios desbordados– indica que el problema no es de una empresa aislada, sino una falla sistemática en la arquitectura del mercado mexicano.
La reventa no es solo un fenómeno de precios; es un problema de bienestar. Desde una perspectiva estática, mejora la eficiencia asignativa: los boletos terminan en manos de quienes más los valoran. Pero esa eficiencia tiene un costo distributivo: el excedente generado por la diferencia entre precios tempranos y tardíos es capturado casi por completo por los revendedores, reduciendo el bienestar de los consumidores finales.
Cuando se observa el mercado como una secuencia de eventos, emerge una función menos visible pero fundamental: la absorción de riesgo. La experiencia de revendedores mexicanos como el Oso de la Guerrero ilustra que la reventa es una ruleta rusa. Esta evidencia anecdótica coincide con hallazgos representativos: Leslie y Sorense (2008) muestran que los revendedores pierden dinero en 24%-33% de sus transacciones. Estas pérdidas ocurren en eventos donde la demanda real es menor a la esperada –como el caso de México vs. Portugal– y se compensan con las rentas obtenidas en eventos de alta demanda.
En términos económicos, los eventos populares subsidian la liquidez de los menos populares a través de los revendedores. Este mecanismo permite que exista un mercado secundario activo, que a su vez ofrece una segunda oportunidad de compra para consumidores tardíos.
El problema en México no es esta redistribución –inherente al mercado secundario– sino que la integración vertical y la opacidad permiten que las plataformas capturen este excedente sin asumir el riesgo de inventario que caracteriza a los revendedores tradicionales. En los eventos con baja demanda, la pérdida recae en el promotor o en el revendedor, no en la plataforma a través de la cual se venden los boletos. Cuando la plataforma controla la información y el acceso, la reventa deja de ser un mecanismo de asignación y se convierte en uno de extracción.
La OCDE, en su Roundtable on Secondary Ticket Markets (2019), identificó patrones que resuenan con lo que hoy observamos en México:
La conclusión internacional es clara: las prohibiciones totales de reventa rara vez funcionan. Suelen desplazar la actividad hacia canales informales con mayores riesgos de fraude. Por ello, la tendencia regulatoria global se ha movido hacia la transparencia obligatoria, la trazabilidad del inventario y la responsabilidad de las plataformas.
Este diagnóstico internacional ofrece un marco útil para entender por qué México se encuentra en un punto de inflexión regulatorio.
La experiencia internacional muestra que la transparencia y la trazabilidad son condiciones mínimas para que el mercado de boletos funcione. En México, 2026 marcó el momento en que estas exigencias se convirtieron en intervenciones regulatorias. Dos instituciones –Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) y Comisión Nacional Antimonopolio (CNA)– han abordado el problema desde ángulos complementarios: la conducta frente al consumidor y la estructura del mercado.
En febrero de 2026, PROFECO publicó lineamientos para regular la venta de boletos, diseñados para atacar las fallas de información que permiten la extracción de rentas en el mercado primario. La norma obliga a publicar mapas y precios totales con 24 horas de antelación, eliminar cargos ocultos y servicios preseleccionados, transparentar filas virtuales, y garantizar protección contra bots y compras masivas.
Desde la óptica económica, estos lineamientos buscan reducir la asimetría informativa temprana que, según Courty, permite a los revendedores capturar el excedente del mercado tardío. PROFECO interviene en la interfaz donde el consumidor enfrenta la opacidad.
Mientras PROFECO actúa sobre la conducta visible, la CNA mantiene abierta la investigación IEBC-004-2024 sobre barreras a la competencia en toda la cadena de valor de los eventos en vivo. El foco es distinto: la integración vertical entre boleteras, promotores y recintos, así como las exclusividades de largo plazo pueden cerrar el mercado a competidores más eficientes.
La evidencia internacional sugiere que estas estructuras generan incentivos para manipular inventarios, retrasar liberaciones de boletos o utilizar el mercado secundario como señal de demanda. La CNA tiene la facultad de intervenir sobre estos cimientos, no solo sobre los síntomas.
Los episodios de 2026 muestran que la reventa no es el problema central: es la forma en que la información, el inventario y el acceso están controlados por plataformas integradas. Cuando la misma entidad decide qué se vende, cuándo y en qué condiciones, la reventa deja de ser un mecanismo de asignación intertemporal y se convierte en una herramienta de extracción de rentas.
La transparencia no es un gesto hacia el consumidor, sino una condición mínima para que exista competencia. Publicar precios completos, garantizar trazabilidad del inventario y limitar la opacidad algorítmica son medidas que corrigen incentivos, no solo prácticas abusivas.
México está en un punto de inflexión. Las acciones de PROFECO y la investigación de CNA apuntan a un mismo objetivo: reconstruir un mercado donde el bienestar no dependa de la opacidad, sino de reglas claras que permitan que los boletos lleguen a quienes realmente valoran asistir. El desafío ahora es consolidar esa arquitectura.
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