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En un reciente artículo, Jorge Padilla analiza la figura de «Defensa de Empresa en Crisis» (DEC). Según esta doctrina, se debe autorizar aquellas fusiones que sean a priori anticompetitivas si la empresa adquirida está al borde de la quiebra y sus activos corren el riesgo de desaparecer.
Padilla critica duramente la situación actual de la DEC, argumentando que ha fracasado debido a la aproximación excesivamente reacia a la salida de empresas por parte de las autoridades europeas. Frente a esta visión, propone fomentar el uso de la DEC bajo nuevas premisas: a) la salida de una empresa puede ser socialmente valiosa y b) las fusiones pueden ser mecanismos para la reasignación eficiente de recursos.
Respecto de por qué la salida de firmas ineficientes es un proceso socialmente valioso, Padilla señala lo siguiente:
Según Padilla, en la UE abundan las «empresas zombis»: empresas inviables que operan con pérdidas constantes o sin cubrir el coste de capital. Su supervivencia artificial se puede explicar por varios factores: a) la tolerancia de los acreedores, b) garantías estatales implícitas o c) trabas políticas y regulatorias que impiden su salida del mercado.
Para los consumidores, el impacto de estas empresas es ambiguo, pero en términos netos, negativo: aunque estas empresas pueden ofrecer precios bajos a corto plazo, su existencia daña la competencia futura al frenar la innovación y la inversión, lo que resulta en menor calidad y progreso tecnológico. En definitiva, estas firmas no compiten, solo sobreviven y su presencia desplaza a rivales sanos, disuade la entrada de nuevos competidores y debilita los incentivos de toda la industria para invertir.
En un escenario ideal, las empresas zombis saldrían mediante procesos de insolvencia o reestructuraciones oportunas. Sin embargo, como el sistema de insolvencia europeo sería deficiente, el autor propone utilizar las fusiones como mecanismos alternativos de salida.
Otro argumento importante de Padilla es que las barreras de salida afectan la estructura del mercado y los incentivos para invertir: la disposición de una empresa a innovar o entrar a un mercado depende de sus retornos esperados y de la viabilidad de salir si las cosas van mal. Si la salida es difícil o destruye valor, el riesgo aumenta, provocando que los inversores inviertan menos o no inviertan.
Ante aquello, las fusiones pueden ser considerados como mecanismos de salida: cuando los procesos de insolvencia son lentos, las fusiones ofrecen una vía para que las empresas ineficientes abandonen el mercado y sus activos pasen a manos más productivas. De tal forma, si las fusiones operan como mecanismos de salida que disminuyen las barreras de salida, podría haber un aumento en la inversión.
Por todo lo anterior, Padilla señala que la DEC no debe ser utilizada solo en caso extremos, sino que debe ser un mecanismo para valorar si la salida de una empresa de un mercado puede ser una forma de crear valor (véase, para el caso chileno, la Investigación CeCo de Francisco Bórquez “¿Debiera flexibilizarse la defensa de la firma fallida en época de crisis económica? La mirada desde el punto de vista de un usuario del sistema”).
Así, el punto clave no debe ser si la quiebra de una empresa es inevitable en términos “contables”. Más bien, el foco debe estar en: a) si una fusión es la vía de salida menos perjudicial frente a alternativas como la supervivencia de «empresas zombis» o un colapso desordenado, b) el impacto real que tiene en la innovación y la competencia futura dificultar la salida de empresas ineficientes.
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