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Esta nota es publicada en el marco de un convenio entre CeCo y ASCOLA Latam. Ambas organizaciones acordaron cubrir parte de los artículos discutidos en la conferencia anual de 2025 de ASCOLA, celebrada en Chicago. Esta nota en particular corresponde a una traducción al español del artículo de Theodosia Stavroulaki, que será próximamente publicado en el Iowa Law Review.
Estados Unidos atraviesa actualmente una crisis de mortalidad materna, con una tasa muy superior a la de otros países desarrollados[1]. A pesar de gastar dos veces y media más por persona en salud que el promedio de la OCDE, las muertes maternas aumentaron de 860 en 2020 a 1.200 en 2021, lo que representa un alza del 40%[2]. Como resultado, en 2021 Estados Unidos ocupó el lugar 55 a nivel mundial en mortalidad materna, la peor posición entre los países desarrollados[3]. Estudios empíricos muestran además que las mujeres negras e hispanas se ven desproporcionadamente afectadas, lo que demuestra que la raza sigue siendo un factor clave de vulnerabilidad. Diversos factores contribuyen a estos resultados.
Uno de los problemas centrales es la fuerte relación entre los determinantes sociales de la salud y el bienestar materno. El acceso a servicios de salud, por ejemplo, reduce el riesgo de muertes asociadas al embarazo. Sin embargo, muchas mujeres negras —especialmente en zonas desatendidas— carecen de seguro médico, lo que aumenta la probabilidad de resultados adversos antes, durante y después del embarazo[4]. Si bien la expansión de Medicaid puede reducir las brechas de mortalidad materna entre mujeres negras y blancas, varios estados han optado por no ampliarlo[5]. Como era previsible, estos estados presentan tasas más altas de mortalidad materna. A ello se suma que la falta de acceso a vivienda de calidad y a alimentos saludables incrementa los riesgos para mujeres de menores ingresos y mujeres de color. Las malas condiciones habitacionales, por ejemplo, se asocian a mayores tasas de asma e hipertensión, enfermedades que elevan el riesgo de complicaciones del embarazo, como la preeclampsia[6].
Otro factor que contribuye a estas disparidades es la creciente presencia de desiertos de atención materna, es decir, zonas donde no existen servicios obstétricos. En 2020, más de ocho millones de mujeres en edad reproductiva vivían en condados sin acceso a un hospital con servicios obstétricos, en gran medida debido al cierre de hospitales rurales[7]. Los estudios muestran que las mujeres que viven en estos desiertos enfrentan una probabilidad de mortalidad materna un 9% mayor que aquellas que viven en zonas urbanas con mejor acceso[8]. Cada vez que una unidad obstétrica cierra, las familias deben recorrer largas distancias para recibir atención esencial.
Analizada desde la perspectiva del derecho antitrust, esta crisis revela una dimensión adicional, a menudo pasada por alto. Una ola de fusiones hospitalarias ha incrementado la concentración en el sector y, en muchos casos, ha reducido el acceso a servicios obstétricos en comunidades vulnerables. La investigación muestra que, tras las fusiones, los hospitales rurales suelen recortar servicios esenciales, incluida la atención obstétrica. Un estudio reveló que, aunque el 75% de los hospitales rurales ofrecían atención materna antes de fusionarse, esta cifra cayó en un 13% después de la fusión[9]. Estas reducciones agravan el problema de los desiertos de atención materna y contribuyen a los malos resultados en salud materna observados en todo el país.
Las fusiones hospitalarias también afectan la salud materna de manera indirecta a través de su impacto en el mercado laboral. Al reducir la competencia entre empleadores, las fusiones suelen traducirse en salarios más bajos y peores condiciones laborales para los trabajadores hospitalarios[10]. Esto es especialmente relevante porque la mayoría del personal de la salud —enfermeras, cuidadoras y técnicas médicas— son mujeres. Cerca del 91% de las enfermeras registradas, el 95% de las trabajadoras de cuidados y más de la mitad del personal de servicios de alimentación en hospitales son mujeres[11]. En consecuencia, la consolidación hospitalaria puede afectar de manera desproporcionada la estabilidad económica de las mujeres y, por extensión, su salud materna.
La relación entre nivel socioeconómico y salud ayuda a explicar esta conexión. Los salarios más bajos y las peores condiciones de trabajo limitan el acceso a vivienda adecuada y a alimentos nutritivos, determinantes clave de la salud y de los resultados maternos. Las malas condiciones habitacionales se correlacionan con asma e hipertensión, ambas asociadas a un mayor riesgo de complicaciones durante el embarazo. Además, cuando trabajadoras esenciales como las enfermeras sufren agotamiento y estrés debido al deterioro de las condiciones laborales, la calidad de la atención también se ve afectada. La evidencia surgida durante la pandemia de COVID-19 muestra que el agotamiento del personal sanitario, en particular de las enfermeras, se asocia a un aumento de errores médicos y a una disminución de la seguridad de los pacientes[12].
Estas cargas recaen con especial fuerza sobre las mujeres de color. Las mujeres negras están sobrerrepresentadas en los trabajos sanitarios peor remunerados y más físicamente exigentes, experimentando mayores niveles de agotamiento[13], insatisfacción laboral[14] e incluso tasas más altas de suicidio en comparación con sus contrapartes blancas[15]. El aumento de la consolidación de las operaciones de concentración solo amplifica estas desigualdades, ya que las fusiones tienden a deprimir los salarios y a deteriorar las condiciones de trabajo. Dado que las mujeres negras se concentran en los segmentos más vulnerables de la fuerza laboral sanitaria, enfrentan daños desproporcionados en términos económicos, físicos y maternos.
En síntesis, las fusiones hospitalarias perjudican el bienestar de las mujeres en comunidades desatendidas de tres maneras principales. Primero, reducen la disponibilidad de atención obstétrica, alimentando los desiertos de atención materna. Segundo, incrementan el poder de mercado de los hospitales en el ámbito laboral, lo que permite reducir salarios y calidad del empleo, con efectos especialmente gravosos para una fuerza laboral mayoritariamente femenina. Tercero, exacerban el agotamiento del personal sanitario, fenómeno vinculado a una menor calidad de la atención materna.
A la luz de estas preocupaciones, la investigación se pregunta si el derecho antitrust puede contribuir a mitigar los daños que enfrentan las mujeres al dar a luz en Estados Unidos. ¿Puede la aplicación del derecho de la competencia ayudar a las mujeres más vulnerables a mejorar sus condiciones socioeconómicas y, en última instancia, su salud?
Para abordar estas preguntas, el artículo propone tres medidas. En primer lugar, las autoridades y los tribunales deberían impugnar toda fusión que sea susceptible de reducir el acceso a servicios obstétricos, especialmente en zonas desatendidas. En segundo lugar, las fusiones solo deberían aprobarse con condiciones que aseguren que los servicios obstétricos no serán eliminados. En tercer lugar, las autoridades antitrust deberían ampliar su análisis para incluir los efectos de las fusiones hospitalarias sobre los salarios y las condiciones laborales en el sector de la salud.
Este artículo es el primero en explorar la dimensión antitrust de la crisis de mortalidad materna en Estados Unidos. Sostiene que la implementación de estas propuestas permitiría a las autoridades y a los tribunales estadounidenses contribuir a mitigar la crisis y a mejorar la salud materna de millones de mujeres.
[1] https://www.commonwealthfund.org/publications/issue-briefs/2024/jun/insights-us-maternal-mortality-crisis-international-comparison
[2] https://perelelhealth.com/blogs/news/maternal-health-crisis
[3] https://www.cdc.gov/nchs/data/hestat/maternal-mortality/2021/maternal-mortality-rates-2021.htm
[4] https://www.thehastingscenter.org/to-reduce-maternal-health-disparities-expand-medicaid/
[5] https://www.whijournal.com/article/S1049-3867(20)30005-0/fulltext
[6] https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9809179/
[7] https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1049386719302506
[8] https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1049386719302506
[9] https://www.healthaffairs.org/doi/10.1377/hlthaff.2021.00160?url_ver=Z39.88-2003&rfr_id=ori%3Arid%3Acrossref.org&rfr_dat=cr_pub++0pubmed%2F
[10] https://scholarlycommons.law.northwestern.edu/nulr/vol119/iss4/3/
[11] https://rooseveltinstitute.org/wp-content/uploads/2020/07/RI-Left-Behind-201810.pdf
[12] https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7962434/
[13] https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S2155825624000309
[14] https://journals.lww.com/jonajournal/abstract/2021/06000/disparities_in_nurse_job_dissatisfaction_and.5.aspx
[15] https://nursing.osu.edu/news/2021/05/10/clinician-burnout-demands-urgent-action-improve-population-health-and-ensure