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Libre competencia en la cultura popular chilena: parte II

6.05.2026
CeCo Chile
8 minutos
Manuel Abarca Meza Abogado (Universidad de Chile), Master of Arts in EU Competition Law (King’s College London), Postgraduate Diploma in EU Competition Law (King’s College London). Asociado en Estudio Lewin Abogados. Profesor de Derecho Económico en Universidad Diego Portales. Colaborador Externo en CentroCompetencia UAI.

El problema de los monopolios y su control ha estado presente en distintas etapas de la historia de Chile, lo cual también ha sido recogido por la cultura popular en diversas menciones en la literatura, el arte y la música.

Actualizando una columna publicada hace algunos años sobre el mismo tema, este fenómeno puede observarse en distintos episodios de la historia política, económica y cultural de Chile.

«El problema de los monopolios y su control ha estado presente en distintas etapas de la historia de Chile, lo cual también ha sido recogido por la cultura popular en diversas menciones en la literatura, el arte y la música».

I. Un primer descontento frente a los monopolios (siglo XIX)

En el incipiente desarrollo industrial de la segunda mitad del siglo XIX, los principales proveedores de servicios básicos correspondían a empresas monopólicas, en algunos casos del Estado, otras privadas y algunas mixtas. Uno de estos casos radicaba en la Empresa del Ferrocarril Urbano de Santiago, operadora de los tranvías a tracción animal o “carros de sangre”. El 29 de abril de 1888, la empresa determinó un alza en la tarifa. Ante esto, y tras una serie de manifestaciones, los protestantes prendieron fuego a numerosos tranvías.

El poeta popular Juan Bautista Peralta relata esta situación, utilizando la décima del canto a lo humano en “Un monopolio en perspectiva” (publicado en La Lira Popular) y proponiendo derechamente un boicot colectivo:

Los dueños de la tracción
Eléctrica de Santiago,
Por tener que hacer un pago
Cargan con la población;
Santiago en esta ocasión
Firmemente va a probar
Que no está para aguantar
Ni una explotación odiosa,
I en cambio dirá con prosa
En tranvías no hai que andar
(…)
En el año ochenta y siete [1888]
El veintinueve de abril
También intentó subir
La otra Empresa su flete;
El pueblo un gran boche mete
A la Empresa con coraje,
I porque sus precios baje
Treinta carros le quemó
I de este modo impidió
Esa gabela salvaje.

 Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Por su parte, el mercado financiero durante el siglo XIX pasó de una informalidad absoluta a la institucionalización de la banca. Así, en un primer momento, el financiamiento era llevado a cabo típicamente por habilitadores y casas comerciales. Otro de estos mecanismos de financiamiento de cara a las clases populares consistía en las “agencias”. Las agencias eran casas de empeño, donde los “agencieros” otorgaban préstamos o “montepíos” a cambio de una prenda en garantía. Sin embargo, los altos intereses eran usualmente objeto de crítica.

En 1896, durante la asunción del presidente Federico Errázuriz Echaurren, nuevamente Juan Bautista Peralta volvió a la palestra. En “Un ataque a los monopolios en Chile”, denuncia esta situación y una propuesta: un préstamo forzoso por parte del Estado con un interés fijado legalmente:

Yo deseo protestar
De un monopolio odioso,
Nos parece indecoroso
Por más tiempo tolerar 

Yo creo que cada ajencia
Es la peor adversaria
De la clase proletaria.
Por su robo i exijencia
¿Cómo tenemos paciencia
Para poder soportar
Ese cinismo sin par
Que muestran los agencieros?
A nombre de los obreros
Yo deseo protestar.
(…)
Si el municipio quisiera
Librarnos de este abuso,
Lé bastaría un profuso
Proyecto que sometiera y
La creación por primera
De un Montepío honroso;
El que prestase forzoso
Nada más que el dos por ciento,
I nos libraba alojamiento.
De un monopolio odioso.

 Yo creo que el dos por ciento
Que paguemos mensualmente,
Para el dueño es producente
I para el pobre un sustento
Pero el cinco por ciento es un tormento
I un abuso escandaloso.
Los zánganos con reposo
Vivos nos quieren tragar,
Pero ya para callar
Nos parece indecoroso. 

Fuente: Biblioteca Nacional Digital.

Tras la entrada en vigencia de la Ley de Bancos de 1860, Chile creaba un sistema de banca libre. En este sistema no existía un monopolio de la emisión por el Banco Central. Al contrario, la competencia entre los bancos generaba que los consumidores eligieran aquellos billetes de mayor estabilidad. Esta estabilidad se basaba eminentemente en las reservas metálicas de los bancos. De esta manera, sería el mercado quien regule la cantidad de circulante adecuada. Sin embargo, en la práctica los principales bancos emitían más billetes que sus reservas. Para paliar esta crisis, el gobierno de Aníbal Pinto dictó en 1878 la ley de inconvertibilidad del billete. En virtud de ella, los billetes de banco no podían ser convertidos en reservas metálicas. Esto generó una larga disputa entre sectores “oreros” y “papeleros”. El poeta popular El Pequén (pseudónimo de Juan Rafael Allende) hizo suya esta discusión en 1881:

¿Qué es un banco, don Pascual?
Es un establecimiento
Que jira sin capital
I cuyo negocio usual
Es vender papel mugriento. 

Fuente: Maximiliano Salinas, “Juan Rafael Allende, “El Pequén” y los rasgos carnavalescos de la literatura popular chilena del siglo XIX”, Historia Nº 37 Vol. 1 (2004).

El mercado de la carne tampoco escapaba a problemas de competencia. En octubre de 1905, la famosa Huelga de la Carne comenzó tras el anuncio de un arancel a la carne importada de Argentina, en directo beneficio de los productores locales. La voz de Juan Bautista Peralta denuncia acuerdos para limitar la producción y así aumentar los precios, como puede apreciarse en “Los monopolios odiosos en Chile”:

Imposible es tolerar
Tanto monopolio odioso,
El pueblo con gran reposo
Todo quiere soportar
(…)
Hoy no solo los banqueros
Han sacado el pie del plato,
También pagamos el pato
Con los ricos abasteros.
Esos zánganos más fieros,
Nos empiezan a atracar,
Su cinismo ya es sin par
De esos explotadores,
I estos abusos, señores,
Imposible es tolerar.
(…)
Si encierran mil animales,
Esos nuevos avarientos,
Solo voltean doscientos
Para vender por caudales.
Esas víboras mortales
Nos pican con gran reposo;
Yo digo con alborozo,
Chile estando aniquilado,
No sé cómo habrá aguantado
Tanto monopolio odioso.

Fuente: Fidel Sepúlveda, “El Canto a lo poeta a lo divino y a lo humano: análisis estético, antropológico y antología fundamental”, Santiago de Chile: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana y Ediciones UC (2009).

II. La expectativa frente a una ley antimonopolios (1959)

En la segunda mitad del siglo XX, el control de los monopolios ya parecía estar en la agenda pública. Una serie de proyectos de ley se presentaron, pero todos fracasaron en su tramitación. Finalmente, una luz se ve al final del túnel: el gobierno de Jorge Alessandri presentó una ley de competencia, la que se convertiría en el Título V de la Ley Nº 13.305.

La revista satírica Topaze, en su estilo mordaz e irreverente, da cuenta del recelo ante una alta expectativa de lo que sería la “eliminación de los monopolios”. Así, muestra la situación de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CPMPC o “La Papelera”), que históricamente fue acusada de constituir un monopolio dirigida por el propio Alessandri en su momento:

Topaze, 2 de enero de 1959. Fuente: Memoria Chilena.

En efecto, la ley instauraría un sistema de libertad de precios que no necesariamente generaría más competencia:

Fuente: Topaze, 16 de enero de 1959. Fuente: Memoria Chilena.

Esta alta expectativa calaría incluso en el ciudadano a pie (reflejado en el personaje Juan Verdejo):

Topaze, 30 de enero de 1959. Fuente: Memoria Chilena.

III. Educación popular en tiempos convulsos (1971-1973)

Más de 10 años pasaron desde la entrada en vigencia del Título V de la Ley Nº 13.305 y su aplicación habría sido prácticamente nula. Ricardo Lagos, en su memoria de prueba, ya aducía que las leyes antimonopolios sólo se aplican “a los panaderos, a los dueños de verdulerías, a los matarifes, etc. etc.”. La “Economía Chilena” de José Cademartori argumentaba que “el capitalismo industrial impulsado por el Estado que, en un comienzo, iba enfilado a reducir el poder del capital extranjero y de los monopolios nacionales, cedió el lugar a una política de supeditación en interés de los propios monopolios, en instrumento suyo para provecho de los clanes oligárquicos”.

La solución ya no es el control de los monopolios, sino la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y el paso de monopolios privados a empresas del Estado. La Unidad Popular toma esta idea como parte de su programa, al declararse “antimonopolista”.

Esto se recoge en el Cuaderno de Educación Popular Nº 3, titulado “Monopolios y Miseria”, escrito por Marta Harnecker y Gabriela Uribe en 1972 y publicado por la Editorial Quimantú. Estos textos eran pensados en la época como de formación general.

En su punto 6, explica por qué los monopolios “perjudican a los trabajadores y al pueblo en general”:

  1. Limitan deliberadamente la producción.
  2. Fijan el tipo y calidad de la producción.
  3. Impiden que la técnica sea puesta al servicio del pueblo.
  4. Utilizan al Estado para sus propios intereses.
  5. Evaden impuestos.
  6. Pagan mejores salarios, pero lo hacen a costa de los precios.
  7. Suben los precios.
  8. Los monopolios perjudican a los medianos y pequeños industriales y comerciantes. (Les venden materias primas a precios altos, les compran sus productos muy baratos, les fijan la calidad de sus productos, les restringen los créditos, etc.).

Fuente: Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.

La revista “La Firme” de 1971 plasma estas ideas de manera lúdica, mostrando en historietas los incentivos de los monopolios a disminuir los volúmenes de producción para subir los precios:

Así, la “libre competencia”, como la pensada en el gobierno de Alessandri, quedaría sólo en el papel:

Fuente: Generación Mampato.

Al otro lado del espectro político, El Mercurio denuncia satíricamente la ineficiencia del proceso de estatización de empresas:

El Mercurio, 4 de julio de 1973. Fuente: X.

IV. El descontento del siglo XXI

Los tiempos cambiaron, el Decreto Ley Nº 211 fue promulgado y perfeccionado, pero la sensación de impunidad en casos de colusión se mantuvo. La cultura popular también hizo suyo este descontento.

Prácticamente, ningún caso de colusión escapó a caricaturas en la prensa. Así, The Clinic anunciaba el caso Pollos con un recuerdo a El Padrino:

Fuente: The Clinic.

Por su parte, Hervi denunció su propio caso de colusión en el mercado de transporte de “valores”:

Fuente: La Tercera.

Pero no todo ha sido colusión El problema de selección adversa en el mercado de los medicamentos de marca, alertado por la Fiscalía Nacional Económica en su estudio de mercado, también fue advertido por esta caricatura de Marcelo Plaza (Plazalzamora):

Fuente: Flickr.

Los casos de competencia desleal también han sido parte de la cultura popular. La canción “Acero Chino” de Pedropiedra trata sobre el cierre de Huachipato en el contexto de acusaciones de dumping en las importaciones de productos chinos y el caso ante la Comisión Antidistorsiones.

Y ahora dices que tengo que parar
Que eran perdidas las horas dándole duro al metal
Y me dejas botado
Sin vergüenza frente a mi destino 

Y ahora dices que tengo que encontrar
Una manera miserable de llegar al final
Que si me quiero salvar
Debo comprarme tu amor de acero chino

Hornos que se apagan
Con tu amor de acero chino.

Como siempre, la invitación está abierta para nuevos aportes que puedan ampliar esta actualización.

 

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