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Revisamos un artículo de Colangelo y Ezrachi sobre la relación competitiva entre los ecosistemas digitales y los proveedores de servicios de IA generativa.
We reviewed an article by Colangelo and Ezrachi on the competitive relationship between digital ecosystems and generative AI service providers
Revisamos un working paper de Colangelo y Ezrachi que fue presentado en el Round Table “Artificial Intelligence & Competition” en el Oxford University Centre for Competition Law and Policy.
Los autores plantean que la inteligencia artificial (IA) y la IA generativa (IAGen) impulsan cambios estructurales en la economía digital: los asistentes y agentes basados en IA ya no son simples chatbots independientes, sino plataformas completas que permiten acceder directamente a servicios de terceros sin salir del chat. Esta nota destaca el funcionamiento de dicha dinámica, y cómo ella interactúa con las plataformas digitales tradicionales.
Los autores se concentran en los ecosistemas digitales: redes interconectadas de organizaciones, tecnologías, servicios o funciones. Estos entregarían una propuesta atractiva para proveedores de servicios, desarrolladores y usuarios por igual, ya que su escala genera sinergias, eficiencias y economías de escala valiosas, ofreciendo un entorno común capaz de satisfacer la demanda de múltiples servicios interrelacionados (ver también, “Hablando de “ecosistemas” en libre competencia con Lianos y Jacobides”).
Sin perjuicio de sus virtudes, los autores señalan que, cuando el ecosistema actúa como un regulador privado que controla el acceso y, simultáneamente, opera en el mercado aguas abajo en competencia con terceros, el self-preferencing puede ser difícil de resistir. En tal línea, detallan que una forma de auto preferencia consiste en la exclusión directa de tecnologías de IA competidoras del ecosistema, siguiendo un patrón familiar: un proveedor dominante en el mercado de producción (upstream) que también opera en un mercado competitivo de distribución o postventa (downstream) apalanca su poder de mercado para excluir o debilitar a sus competidores en este último.
Para explicar su punto, los autores aluden a la reciente medida de la autoridad de competencia italiana frente Meta. En este caso se argumentó que, mediante la preinstalación y el posicionamiento privilegiado de Meta AI en WhatsApp, la empresa apalancó su dominancia en el mercado de servicios de mensajería hacia el mercado de servicios de chatbots de IA. Según Ezrachi y Colangelo, el caso plantea dos desafíos:
Actualmente, hay dos maniobras para monetizar la IA. Por un lado, se puede integrar la IA a un ecosistema digital, como lo hacen Google y Meta. Estas plataformas no solo se benefician del acceso al big data y de un mayor control sobre su base de usuarios, sino que también pueden subsidiar de manera cruzada la provisión de servicios de IA. Por otro lado, están los proveedores de servicios independientes de IA generativa, como ChatGPT y Claude. Estos ofrecen versiones gratuitas y versiones pagadas de sus servicios, y para su financiamiento dependen principalmente de la conversión de usuarios gratuitos a clientes pagados. Según Ezrachi y Colangelo, estos proveedores tienen un desafío: aunque son muy exitosos, deben generar ingresos directamente de las aplicaciones de IA, al carecer de líneas de negocio adyacentes mediante las cuales subsidiar las pérdidas que están teniendo en el corto plazo.
Según los autores, en parte por lo anterior, las empresas de IA Generativa se desplazan cada vez más hacia operar ecosistemas integrados. Un ejemplo de ello sería la interfaz de usuario de ChatGPT y su función “apps in ChatGPT”, que permite a desarrolladores independientes crear aplicaciones para que los usuarios busquen y compren productos directamente en la plataforma (y aquí una gran importancia competitiva podría radicar en los efectos de red cruzados entre los usuarios y los desarrolladores). El proyecto, en su versión piloto, incluye, entre otros, a Booking.com, Canva, Coursera, Expedia, y Spotify.
Lo destacable de esta estrategia, según los autores, es el surgimiento de un modelo alternativo que, a diferencia del escenario de integración vertical analizado previamente, es impulsado por el rol de intermediación de ciertos proveedores y, por lo tanto, busca canalizar el tráfico hacia los intermediarios en línea en lugar de desplazarlos.