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En términos generales, el monopolio se define como un mercado en el que opera un único productor. En el ámbito de la organización industrial, el modelo teórico de monopolio representa una estructura de mercado extrema, caracterizada por la presencia de un solo productor de un bien sin sustitutos cercanos y por la existencia de barreras de entrada significativas, las cuales impiden que otros competidores ingresen al mercado.
En este contexto, el modelo predice que el monopolista restringirá la producción y aumentará el precio del bien, generando pérdidas de eficiencia y efectos negativos en el bienestar de los consumidores. De esta forma, el monopolio representa el paradigma opuesto al modelo de competencia perfecta, caracterizado por maximizar la eficiencia y bienestar de los consumidores.
Sin embargo, en ciertas circunstancias, una estructura monopólica puede justificarse desde una perspectiva económica. Este es el caso de los monopolios naturales, los cuales surgen en industrias con costos fijos elevados y economías de escala.
En la práctica, la mera existencia de un monopolio no constituye, por sí sola, una conducta ilícita en sede de libre competencia. Para que una autoridad intervenga, se debe acreditar que el monopolista ha incurrido en prácticas de abuso de posición dominante, ya sea para alcanzar o mantener dicha posición.
En lo que sigue, revisamos los principales supuestos y resultados del modelo económico de monopolio, así como sus repercusiones en términos de eficiencia y bienestar. Adicionalmente, describimos dos casos prácticos de libre competencia donde se aplicaron los principios que subyacen al modelo.
Siguiendo a Church & Ware (2000), los supuestos básicos del modelo de monopolio son los siguientes:
Si se cumplen estos supuestos, el monopolista se vuelve un “creador de precios” (“price maker”): el precio de mercado (P) depende directamente de la cantidad ofrecida por esta empresa (Q_{m}).
Este escenario se contrapone a un mercado competitivo, donde los productores no son capaces de afectar individualmente el precio de mercado y actúan como “tomadores de precios” (“price takers”).
Ahora bien, el monopolista debe operar considerando las restricciones del mercado. En específico, el precio de mercado es determinado por la función de demanda inversa. A diferencia de la función de demanda estándar, que indica la cantidad demandada en función del precio, la función de demanda inversa expresa la máxima disposición a pagar de los consumidores por una determinada cantidad del bien. Generalmente, esta tiene pendiente negativa, ya que la disposición a pagar de los consumidores por una unidad adicional del bien disminuye a medida que aumenta su disponibilidad (Parkin, 2009).
De esta forma, el monopolista debe considerar que, si decide aumentar la cantidad ofrecida, el precio de mercado disminuirá, y viceversa.
En esta línea, el monopolista maximizará sus beneficios seleccionando la cantidad del bien (Q_{m}) que ofrecerá en el mercado, considerando los ingresos y costos asociados a dicha decisión de producción.
Sea \pi(Q_{m}) la función de beneficios del monopolista:
\pi(Q_{m}) = IT(Q_{m}) - CT(Q_{m})
Donde IT(Q_{m}) corresponde a los ingresos totales del monopolista, definidos como el precio de mercado multiplicado por la cantidad vendida.
IT(Q_{m}) = P(Q_{m}) Q_{m}
A su vez, CT(Q_{m}) describe la función de costos totales del monopolista, dependiente de la cantidad producida.
En economía, el procedimiento estándar para optimizar una función objetivo —en este caso, maximizar la función de beneficio del monopolista— es derivar en función de la variable de decisión —en este caso, la cantidad producida (Q_{m})— y aplicar la condición de primer orden. Sin perjuicio de que esto se explicará más adelante, en palabras sencillas, aplicar la condición de primer orden consiste en encontrar el punto donde esta derivada es igual a cero, lo que permite encontrar la cantidad que maximiza los beneficios de la empresa.
Derivar la función de beneficio con respecto a Q_{m} (es decir, \pi'(Q_{m})) nos dice cómo cambia el beneficio del monopolista cuando este decide producir una unidad adicional de producto. Dicho cambio puede descomponerse en dos efectos: ingreso marginal y costo marginal:
\pi'(Q_{m}) = IT'(Q_{m}) - CT'(Q_{m})
El ingreso marginal (IMg) de la empresa se define como los ingresos percibidos por vender una unidad adicional del bien. Matemáticamente, este se calcula como la derivada de la función de ingresos totales, IT(Q_{m}):
IMg = IT'(Q_{m})
En este caso, dado que el precio de mercado depende directamente de la cantidad que ofrezca el monopolista (es un “creador de precios”), el ingreso marginal de esta empresa también depende de la cantidad ofrecida, y es descrito por la siguiente expresión:
IMg = P'(Q_{m}) Q_{m} + P(Q_{m})
Esta se obtiene a partir de derivar IT(Q_{m}) utilizando la “regla de la cadena”, donde P'(Q_{m}) corresponde a la derivada del precio respecto a la cantidad. Dicho término es negativo, dada la relación negativa que existe entre el precio y la cantidad demandada por parte de los consumidores.
Por otro lado, el costo marginal (CMg) se define como el cambio en el costo total que resulta de la producción de una unidad adicional. Este se calcula como la derivada de la función de costos totales, CT(Q_{m}):
CMg = CT'(Q_{m})
La condición de primer orden es una regla que indica que la cantidad óptima —aquella que maximiza el beneficio de la firma— se encuentra en el punto en que la derivada de la función de beneficio es igual a 0. La intuición es que, si la empresa decide producir una unidad más o una menos desde este punto, su beneficio empezará a disminuir.
Así, derivando \pi(Q_{m}) en función de Q_{m}, la condición de primer orden es:
\pi'(Q_{m}) = 0
IT'(Q_{m}) - CT'(Q_{m}) = 0
IMg - CMg = 0
IMg = CMg
De esta forma, el monopolista producirá unidades del bien hasta que el costo marginal se iguale al ingreso marginal.
En efecto, cuando el costo marginal es mayor que el ingreso marginal (CMg > IMg), producir una unidad adicional del bien resulta en una pérdida para el monopolista —el costo de producir una unidad adicional supera el ingreso que se obtiene por ella—. Así, en este punto, el monopolista buscará reducir la producción.
Por el contrario, cuando el costo marginal es menor que el ingreso marginal (CMg < IMg), producir una unidad adicional del bien aumenta los beneficios del monopolista —el ingreso que se obtiene por producir una unidad adicional del bien supera el costo de producirla—. En esta situación, la empresa buscará aumentar su producción.
De esta manera, el equilibrio se alcanza en el punto en que ambos términos se igualan (CMg = IMg), pues el monopolista no tiene incentivos para aumentar o disminuir su producción.
Considerando las expresiones previamente obtenidas, el monopolista maximizará sus beneficios en un nivel de producción donde el costo marginal e ingreso marginal cumplan la siguiente relación:
P'(Q_{m}) Q_{m} + P(Q_{m}) = CMg
Dado que el término P'(Q_{m}) Q_{m} es negativo, se puede deducir que el precio de equilibrio será mayor al costo marginal del monopolista, quien ejercerá poder de mercado.
Siguiendo estos razonamientos, la cantidad de equilibrio en un monopolio, Q_{m}^*, corresponde al nivel de producción que satisface la condición de primer orden (CMg = IMg). Para encontrar una expresión algebraica de este resultado, asumimos las siguientes formas funcionales genéricas:
P(Q_{m}) = A - bQ_{m}
Donde A y b son parámetros positivos que representan el intercepto y la pendiente de la función, respectivamente.
CT(Q_{m}) = cQ^2_{m}
Derivando esta expresión en función de la cantidad, obtenemos el costo marginal:
CMg = CT'(Q_{m}) = 2cQ_{m}
En este caso, el costo marginal depende positivamente de la cantidad producida. Es decir, el costo de producir una unidad adicional aumenta a medida que la producción se expande.
IT = P(Q_{m}) Q_{m}
Sustituyendo la demanda inversa y reordenando términos, estos son:
IT = (A - bQ_{m}) Q_{m}
IT = A Q_{m} - b Q_{m}^{2}
Derivando en función de la cantidad, obtenemos el ingreso marginal:
IMg = IT'(Q_{m}) = A - 2bQ_{m}
De esta forma, al imponer la condición de primer orden, obtenemos la siguiente expresión:
CMg = IMg
2cQ_{m}^* = A - 2bQ_{m}^*
Reordenando términos:
2cQ_{m}^* + 2bQ_{m}^* = A
2Q_{m}^*(c + b) = A
Despejando, encontramos la cantidad de equilibrio:
Q_{m}^* = \frac{A}{2(c + b)}
Luego, el precio de equilibrio, P^*, se obtiene reemplazando Q_{m}^* en la función de demanda inversa P(Q):
P^* = P(Q_{m}^*) = A - bQ_{m}^*
P^* = A - b\left(\frac{A}{2(c + b)}\right)
Reordenando términos, este es:
P^* = A \frac{b + 2c}{2(b + c)}
A partir de estos resultados, P^* y Q_{m}^*, el monopolista obtiene los siguientes beneficios:
\pi(Q_{m}^*) = IT(Q_{m}^*) - CT(Q_{m}^*) = \frac{A^2}{4(b + c)}
El Gráfico N°1 ilustra este escenario gráficamente.
Gráfico Nº1: Equilibrio monopólico
Elaboración propia
Al satisfacer la condición de primer orden, la cantidad de equilibrio, Q_{m}^*, proviene de la intersección entre las curvas de ingreso marginal y costo marginal, representadas por las rectas verde y roja, respectivamente. A su vez, el precio de equilibrio, P^*, corresponde a la máxima disposición a pagar de los consumidores por dicha cantidad, determinada según la función de demanda inversa (representada por la recta azul).
Tradicionalmente, el bienestar social se mide a partir de la suma del excedente del consumidor (la diferencia entre lo que los consumidores están dispuestos a pagar por un bien y lo que realmente pagan) y el excedente del productor (la diferencia entre el precio al que se vende un bien y su costo de producción).
En el modelo de , el costo marginal se iguala al precio de mercado, lo que maximiza el bienestar social al garantizar una asignación eficiente de los recursos (eficiencia asignativa). Más aún, en el largo plazo, el precio se iguala al costo medio de las empresas más eficientes del mercado, asegurando que los bienes se produzcan al menor costo posible (eficiencia productiva). Por esto, en ausencia de fallas de mercado, el precio y la cantidad de equilibrio de un mercado perfectamente competitivo se consideran una referencia del óptimo social de la economía.
En cambio, en un monopolio, el productor puede fijar libremente la cantidad y el precio que maximizan sus beneficios, limitado únicamente por la función de demanda de los consumidores. Esto resulta en una menor cantidad producida y un mayor precio de mercado.
Asumiendo las formas funcionales utilizadas anteriormente, se obtienen los siguientes resultados para cada modelo (en el largo plazo).
Competencia Perfecta | Relación | Monopolio |
---|---|---|
Q_{cp} = \frac{A - c}{b} | > | Q_{m} = \frac{A - c}{2b} |
P_{cp} = c | < | P_{m} = \frac{A + c}{2} |
\pi_{cp} = 0 | < | \pi_{m} = \frac{(A - c)^2}{4b} |
Así, el monopolista ejerce poder de mercado al fijar un precio por encima del costo marginal, lo que repercute negativamente en la eficiencia del mercado y el bienestar social.
En primer lugar, al restringir la producción, el monopolista genera una pérdida de eficiencia denominada pérdida de peso muerto o deadweight loss (triángulo naranja en el Panel B del Gráfico N°2). Esto ocurre porque algunos consumidores que estarían dispuestos a comprar el bien a un precio menor –pero igual o superior al costo marginal– quedan excluidos del mercado, reduciendo el excedente de los consumidores (áreas azules en el Gráfico N°2). Al mismo tiempo, ciertas unidades que podrían haberse vendido a un precio superior a su costo de producción no se transan, disminuyendo también el excedente del productor (áreas verdes en el Gráfico N°2).
Gráfico Nº2: Análisis de excedentes
Panel A: Competencia Perfecta Panel B: Monopolio
En segundo lugar, el equilibrio monopólico redistribuye excedente desde los consumidores hacia el productor. En efecto, el monopolista incrementa sus ganancias a costa de una reducción en el bienestar de los consumidores, quienes deben pagar un precio más alto por cada unidad del bien que adquieren.
Cabe destacar que la pérdida de peso muerto puede reducirse, e incluso eliminarse, si el monopolista es capaz de discriminar precios acordes a la disposición a pagar de cada consumidor (discriminación de precios de primer grado). En este caso extremo, la eficiencia asignativa se mantiene respecto a un escenario competitivo, pero la totalidad del excedente del consumidor se transfiere al productor.
Adicionalmente, el equilibrio monopólico genera una pérdida en términos de eficiencia productiva, ya que el monopolista no enfrenta presión competitiva para minimizar costos. Como resultado, el costo medio de producción del monopolista tiende a ser más alto que el de las firmas que operan en un mercado perfectamente competitivo.
Si bien es difícil encontrar mercados reales que cumplan a cabalidad los supuestos del modelo de monopolio, existen numerosos casos de libre competencia que involucran estructuras de mercado similares. A continuación, revisamos dos casos prácticos donde se aplicaron los principios de este modelo.
El 16 de diciembre de 2009, la Federal Trade Commission (“FTC”) presentó una demanda contra Intel Corporation (“Intel”) por presuntas prácticas anticompetitivas destinadas a mantener un monopolio en el mercado de Unidades Centrales de Procesamiento (“CPU”, por sus siglas en inglés) y consolidar una posición monopólica en el mercado de Unidades de Procesamiento Gráfico (“GPU”, por sus siglas en inglés).
La FTC afirmó que Intel controlaba entre el 75% y 85% del mercado de CPU, posicionándose como el actor dominante en la industria. Según la agencia, Intel enfrentaba pocas restricciones competitivas de otras empresas, debido a una combinación de barreras a la entrada y prácticas comerciales agresivas. Por ejemplo, Intel habría desincentivado a los fabricantes de computadoras de utilizar procesadores de la competencia, ofreciendo descuentos y rebajas condicionadas a los fabricantes de computadoras a cambio de limitar el uso de chips de sus competidores en sus productos.
A su vez, la FTC indicó que la participación de Intel en el mercado de GPU era superior al 50%. Similarmente, esta empresa habría desplegado un conjunto de estrategias para limitar la competencia en este segmento, enfocadas en restringir la interoperabilidad entre los productos fabricados por Intel y sus competidores.
En línea con los supuestos del modelo de monopolio, las estrategias descritas estarían orientadas a fortalecer las barreras a la entrada de estos mercados y limitar la sustituibilidad de estos productos, con la finalidad de asegurar una posición monopólica. Así, de acuerdo con la FTC, estas prácticas tuvieron efectos negativos en los consumidores, incluyendo precios más altos, menor innovación y una reducción en la oferta de productos disponibles.
Finalmente, en noviembre de 2010, la FTC alcanzó un acuerdo con Intel para resolver estas acusaciones. Como resultado, Intel se comprometió a adoptar una serie de medidas para corregir las prácticas señaladas, incluyendo la prohibición de acuerdos exclusivos y disposiciones para promover la interoperabilidad.
El 13 de enero de 2017, el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (“TDLC”) dictó la Proposición de Modificación Normativa N°19/2017, en la que formuló recomendaciones para mejorar la regulación de la industria de pagos con tarjeta en Chile. Esta propuesta fue analizada por CeCo en el artículo “ERN sobre medios de pago”, donde se examina la posición dominante de Transbank S.A. (en adelante, “Transbank”) y se sugieren cambios para fomentar la competencia en este mercado.
En su análisis, el TDLC señaló que el mercado chileno de adquirencia estaba controlado exclusivamente por Transbank. La función de esta empresa es actuar como intermediaria entre los comercios y las redes de tarjetas de pago, permitiendo que los clientes realicen compras con tarjetas de débito y crédito. Para ello, Transbank ofrece tres tipos de servicios: (i) conexión a la red de pagos, (ii) autorización de transacciones y (iii) procesamiento de los pagos.
El TDLC evaluó los obstáculos que enfrentan nuevos competidores para ingresar a los mercados en los que opera Transbank. En cuanto a los servicios de procesamiento de pagos, se determinó que existen economías de escala que, si bien permiten el ingreso de competidores, otorgan al incumbente una ventaja significativa.
Asimismo, en el segmento de adquirencia, donde las empresas se encargan de gestionar los pagos con tarjeta para los comercios, el TDLC identificó barreras adicionales a la competencia. Entre ellas destacan: (i) las reglas establecidas por los emisores de tarjetas (es decir, los bancos que emiten las tarjetas a los clientes), que pueden dificultar la participación de nuevos adquirentes, y (ii) las licencias que otorgan las grandes marcas de tarjetas internacionales (como Visa y Mastercard), las cuales pueden ser un requisito para operar en el mercado chileno.
Adicionalmente, el TDLC destacó que Transbank limitó su rentabilidad al mantener tarifas relativamente bajas, lo que redujo los incentivos para que otras empresas entraran al mercado.
En este contexto, el TDLC formuló una serie de recomendaciones normativas, dentro de las cuales destacó la necesidad de limitar la vinculación entre Transbank y los bancos emisores de tarjetas. El objetivo de esta medida era corregir los incentivos de modo que los bancos dueños de Transbank —y que también emiten tarjetas— tengan un mayor interés en promover nuevas redes de adquirencia que compitan con Transbank.
En relación con los principios teóricos del modelo, este caso ilustra una estructura monopólica facilitada por la presencia de barreras de entrada, tanto estructurales como regulatorias, y la inexistencia de bienes o servicios sustitutos. En este marco, al favorecer la entrada de nuevos actores al mercado, las medidas establecidas por el TDLC buscan fomentar la eficiencia propia de un mercado competitivo.
Church, J. R., & Ware, R. (2000). Industrial organization: a strategic approach. Homewood, IL.: Irwin McGraw Hill.
Parkin, M. (2009). Economics (8th ed.). Addison-Wesley Inc., Reading, Massachusetts.