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El pasado 24 de marzo, Football Supporters Europe, una asociación independiente de aficionados, y Euroconsumers, una organización de consumidores, presentaron una queja ante la Comisión Europea, denunciando un eventual abuso de posición dominante por parte de la FIFA en la organización y comercialización de la Copa Mundial de 2026, lo que, a su juicio, vulneraría los artículos 102 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea y 54 del Acuerdo sobre el Espacio Económico Europeo (“EEE” por sus siglas en inglés). La conducta acusada, consistiría en la imposición de precios excesivos y condiciones de compra injustas en la venta de entradas para el Mundial 2026.
Las denunciantes definieron el mercado relevante como el mercado aguas abajo de venta de entradas al público general para asistir a los partidos del Mundial 2026, distinguiéndolo del mercado aguas arriba relativo a la organización y comercialización de competiciones de fútbol, conforme a lo establecidos por el Tribunal de Justicia en el caso Superliga (ver columna de Antonio Robles: “Competiciones deportivas, procedimiento arbitral y competencia: Superliga 2 – 0 UEFA”). En este contexto, sostienen que la FIFA detentaría un monopolio en el mercado primario de ventas de entradas, al ser el único canal autorizado de comercialización. Asimismo, el ámbito geográfico del mercado abarcaría el EEE (miembros de la Unión Europea más Islandia, Liechtenstein y Noruega).
Los denunciantes sostienen que la conducta de la FIFA habría generado diversos efectos que distorsionan la competencia y perjudican a los consumidores, entre ellos:
Sumado a lo anterior, las denunciantes contrastaron la conducta de la FIFA con la de la UEFA en torneos como la Eurocopa 2024, donde a su juicio se aplicó una estructura de precios clara y coherente de principio a fin y sin el uso de precios dinámicos. Asimismo, utilizaron como referencia el Mundial de Qatar 2022 para ilustrar una “ruptura total» en la política tarifaria, considerando que para este año las entradas más económicas son al menos tres veces más caras que en Qatar y que la final podría convertirse en uno de los partidos más lucrativos de la historia, siendo varias veces más costosa que la final de 2022.
Dentro de su petitorio, las denunciantes solicitaron que la Comisión declare que la FIFA ha abusado de su posición dominante, así como también que determine y cuantifique los daños causados a los consumidores europeos.
En segundo lugar, solicitaron la imposición de obligaciones para futuras ediciones del Mundial, orientadas principalmente a la transparencia en la información, establecer límites al uso de mecanismos de fijación de precios y asegurar una adecuada disponibilidad de entradas, junto con la prohibición de incurrir en prácticas comerciales engañosas.
Por último, y debido a la proximidad del evento, solicitaron que se ordene a la FIFA a: (i) suspender el uso del sistema de fijación de precios durante lo que resta del ciclo del Mundial 2026; (ii) establecer un límite máximo en los precios de las entradas para la fase de venta de abril, que no exceda los precios del “nivel estándar” anunciados por la FIFA en diciembre de 2025; y (iii) publicar el número de entradas disponibles por categoría y la ubicación exacta de los asientos en el estadio.
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